a oportunidad de transcurrir una o varias jornadas en familia, en un encuentro con ambientes naturales sin modificación alguna y la gastronomía propia de nuestro campo plantean una opción de interés creciente, con una demanda en alza y excelentes posibilidades de acceso desde epicentros turísticos con Villa Carlos Paz y Alta Gracia. Contamos al respecto con destinos en Punilla, Calamuchita, y Santa María, que comparten la característica común de ofrecer un excelente balance entre infraestructura, naturaleza accesibilidad y calidad de servicio permitiendo así acercar este producto no sólo a las personas de condición física ideal sin a familias completas con bebés y/o abuelos que encontraran el regalo de una experiencia a su medida.
Una perfecta experiencia que aúna turismo de estancia y naturaleza virgen en un lugar accesible, cercano y absolutamente prístino. Con una población estable de cóndores, especies animales y vegetales que sólo se encuentran en las Sierras de Córdoba y un río emblemático que puede abordarse fácilmente, este exclusivo Refugio de Vida Silvestre -sólo hay quince en Argentina- brinda un excelente balance entre infraestructura, gastronomía, paisajes y servicios.
El día de campo comienza por la mañana con una caminata accesible para personas de toda condición, inclusive niños pequeños, con un fuerte contenido informativo y orientada a sumergirse en la intimidad de la sierra. En medio de ese proceso, el arribo a un río de sueños sorprende e invita a un chapuzón, un poco de buceo o simplemente la sola contemplación de sus aguas transparentes. Al regreso al Casco nos aguarda el mejor asado que pueda imaginarse, poblado de chorizos, morcillo, vacío de ternera mechados con hierbas y los infaltables chivitos que nos identifican y nos enorgullecen, regados con buen vino y acompañado de pan recién horneado y ensaladas generosas. Luego de una sobremesa amena y prolongada, en donde los postres caseros y el té de brasas obligan a quedarse, la tarde nos lleva a través de un corto trayecto a una cantera hace largo tiempo abandonada, en donde vestigios de micas, cuarzos, feldespatos, berilo y malaquita permiten atisbar las entrañas de los cerros. De regreso, el cúmulo de vivencias palpitadas en este programa apasionante confluyen en una merienda taciturna, en donde las últimas energías se focalizan en el mate cocido perfumado y las mermeladas hechas en el campo.
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